lunes, 10 de septiembre de 2012

No Wait!: Capitulo XXV



Esta tarde había sido más amena que cualquiera de las anteriores, creo. Emily estaba de buen humor y habíamos comprado unas cuantas cosas para el bebé antes de venir a casa, ahora era poseedor de una bonita cuna y unos cuantos trajecitos de marinerito.
–¿Por qué me miras de esa forma?
–¿Otra vez? –Chillé– Eres la segunda persona a la que me quedo viendo fijo.
Emily me sonrió con picardía– Y, ¿quién fue el primero?
Trate de no sonrojarme– Alex.
Emily se sirvió más chocolates, era nuestro ritual de antes de dormir; comer chocolates hasta más no poder.
–Me agrada Alex porque es tan ingenuo y es muy cariñoso contigo, aunque creo que le recuerdas un poco a su hermana gemela.
Me quede a medio camino de un chocolate con menta– ¿Hermana gemela?
Emily asintió– Si, cuando vio a tus hermanos dijo, “ah, con que es de familia” y cuando le pregunte me dijo que tiene una gemela idéntica.
Ahora que lo recordaba… él lo había mencionado antes, solo que estaba más preocupada por su hermanita que murió recientemente. Esto último no se lo pensaba decir a Em, solo serviría para deprimirla.
–¿Quieres hacer algo mañana por la tarde? –Le pregunte.
Emily se puso a ordenar la ropa del bebé– No sé tú pero a mí me dan ganas de seguir comprando, no había entrado a las secciones de bebé antes pero ahora…
Le sonreí animada. ¿Sería posible que se estuviera interesando por el embarazo? No parecía muy interesada antes, tal vez no le molestara ahora que le preguntara…
–¿Qué nombre le vas a poner al bebé? –Me acomode en el sofá.
Estábamos sentadas en el sofá de la sala de estar. Papá decía que era nuestro cuartel general y no estaba muy perdido con esa afirmación, aquí pasábamos la mayoría de nuestras tardes haciendo una u otra cosa.
Emily se estiro en el sofá dejando su cabeza en mi regazo.
Se quedo callada demasiado antes de hablar– No es que no haya pensado en un nombre pero es tan difícil, creí que si llamaba a papá me iba a dar una idea pero solo me dijo “ponle mi nombre” y el abuelo me dijo lo mismo, ni hablar de tío.
Esos tipos eran para la risa– Son unos ególatras, no les hagas caso alguno.
La puerta se abrió de golpe– ¡Les traje galletas y leche! ¡Leche y galletas! Esto es solo para menores y futuras madres. –Alex me golpeo la mano cuando intente sacar una.
Emily golpeo el sofá a su lado cuando se sentó– Siéntate aquí entre nosotras y haznos compañía.
–Bien, no me voy a negar ante una dama. –Dejo las galletas y los vasos de leche en la mesita de centro que estaba enfrente. Le tome de la manga y lo jalé– ¿Qué?
Hice un puchero– Yo también quiero.
Alex me tomo el rostro y me beso la nariz, por un momento espere a que me besara y solo esa impresión causo estragos con mi pulso.
Oh no, ¿estoy loca?
El piñizco que me dio en la mejilla me volvió a la realidad– ¿Qué te pasa?
–¿Por qué me pasaría algo? –Pestañee.
–No lo sé, solo me preocupa el que pareces distante a ratos.
Emily llamo mi atención– Contigo no lucen los trucos femeninos. –Me apunto hacia una esquina con un dedo– Deberías castigarte contra la pared, ahora.
Me sorprendí, me consideraba moderadamente más señorita que antes– Con él no luce nada, no es mi culpa.
Clave la mirada en Alex que de pronto tenía la cara de un iluminado– Por eso me guiñaste el ojo en el almuerzo, ¡Me probaste!
–No te hagas el ofendido, te lo mereces después de insinuar que nos acostamos. –Aun me sentía avergonzada por eso.
–¡Pero si nos acostamos! –Me gritó.
Lo agarre de los hombros y lo zarandee– ¡No de esa forma!
–¡¿Qué forma?!
–¡No tuvimos sexo!!!
–¡Claro que no tuvimos sexo!!!
Le agarre las mejillas y se las tire, aun no me entendía– ¡¿Por qué no entiendes?!
–¡¿Qué debo entender?!! –Me grito, soltándose de mi agarre.
–¡Que le dijiste a uno de los chicos más populares de la escuela que tu y yo nos acostábamos!!! –Tome aire– ¡¿Te explico?!
–¡Si!!!
–¡Le diste a entender que teníamos relaciones sexuales!!!
La comprensión pareció llegarle lentamente pero lo importante es que había llegado.
Me aclare la garganta– Eso paso.
–¿Por qué no me lo explicaste de esa forma? te hubiera entendido sin lastimarme la garganta en el proceso. No entiendo porque te gusta gritar.
Este tipo me sacaba de quicio, iba a golpearlo pero al ver a Emily reír sin contenerse, me contuve.
–Ustedes van a terminar casados. –Miro la hora en su reloj de pulsera y nos apunto– Debemos ir a dormir, mañana tengo una ecografía y cita con la nutricionista, y ustedes tienen clases.
–Bien, me voy. –Me levante y antes de tenderle una mano a Em, Alex ya la había levantado– Buenas noches, duerme bien y mañana haré un listado de nombres para bebé.
Alex me abrazo colocando sus manos en mi estomago– ¿Por qué no le pones Julius?
Emily hizo una mueca– Muy… romano.
–Simon. –Mueca de nosotras– Tyler.
–Me suena a hombre lobo de película para adolescentes. –Dijo Emily.
Alex siguió moviendo sus manos en mi estomago– Bryan.
–No. –Dijimos ambas.
–Jean Pierre. –Ambas nos quedamos calladas– Me gusta ese nombre porque fusionado suena bien, ¿y a ustedes?
Sabía por Jane que el padre del bebé era francés pero no sabía como había seguido el resto de la historia, ni de porqué Emily no quería hablar de él.
–Es un bonito nombre; Jean Pierre Stonel. –Me sorprendí al igual que ella, el nombre sonaba… adecuado– Me gusta. ¿Tú que piensas bebé? –Emily le habló a su pancita.
Ese acto me enterneció.
Le di un toquecito a Alex– Tienes un don parece con los nombres.
–Mi hermano me hizo ayudarle a ponerle nombre a sus trillizos, fue una pesadilla. En especial porque todos los nombres que decía no le gustaban a él o a su esposa, fue un infierno de mes.
–¿Por qué no ayudaron tus hermanas?
No me perdí su mueca de horror– Susan no sirve para una decisión, fue un milagro que se decidiera por abrir un café con el dinero de nuestra abuelita… y Lexy nunca llegaría a una decisión, nunca le gusta nada de lo que hace.
–Perfeccionista. Por cierto, ¿cómo se llama tu hermana gemela?
Me sonrió con sarcasmo– Alexa.
Ahora entendía la mueca sarcástica. Sus padres no tuvieron imaginación– ¿Alex y Alexa?
–No, –Me corrigió– Alexander y Alexa.
–Tienes un nombre épico, como Alexander Magnus. –Le dijo Em– Bueno, basta de charlas váyanse a dormir de una vez niñitos.
–Está bien. –Le respondimos– ¡Buenas noches Em!

Me separé de Alex y subí corriendo a mi cuarto; tenía que cambiarme de ropa, ponerme mi pijama favorito y después podría al fin meterme en la cama y olvidarme del resto del mundo.
Claro esa era la teoría.
–Espérame. No sé porque corres, no es como si tu cama te tuviera horario.
Seguí con el mismo ritmo– No es mi culpa que seas flojo.
–Oye, no soy flojo. Me limito a hacer el ejercicio necesario, no más. –Alex estaba sonando más cansado con cada peldaño.
–Flojo.
–No soy flojo.
Me pare a mitad de camino– ¿Por qué me estas siguiendo?
Alex se aferro de las rodillas– Déjame recuperar el aliento.
–Estas mal, ¿por qué no vamos a correr mañana en la tarde? Podemos correr en los jardines, en una semana te tendré en forma.
Alex se puso serio– Estoy en forma, pero acepto una vuelta en el jardín, no doy para nada más.
–Vives en un centro de esquí, no puedo creer que…
Alex siguió subiendo las escaleras– No corro allí, si necesitas alguien que baje una montaña en Snowboard o en esquís, soy tu chico. Si necesitas a alguien que conduzca una moto de nieve, soy tu chico. Pero si necesitas que corra, chica estás loca.
Me quede un momento procesando. Me partí de risa.
–Eres tan… tontito. –Subí riéndome.
–Si, segurito.
Llegamos hasta el ala de los cuartos y entre en el mío– Te veo mañana al desayuno.
–Mañana tenemos tarea.
Me quede esperando el resto pero no llegó– ¿De qué?
Puso su mano en su barbilla– No lo sé.
Cerré la puerta de mi cuarto y procedí a cambiarme. Cuando estuve lista me metí en la cama y espere a que el sueño me invadiera.
No paso, y no paso por la imagen que me invadía la mente; Alex besándome en el auto.
–Es un idiota.
La puerta se abrió al mismo tiempo que hablaba– ¿Quién es idiota?
–¿Qué haces en mi cuarto? –Lo mire de pies a cabeza– Y en pijama.
Cuando comenzó a rascarse la cabeza, comencé a temerme la respuesta que iba a darme.
–La verdad, desde que ese chico me hizo recordar que eras blandita y calentita para dormir, me dieron ganas de dormir contigo. ¿Me haces lugar?
Me sonroje– No.
Alex se metió rápido en la cama– Bien, buenas noches.
Me levante en la cama– Sal, tienes tu propio cuarto y cama.
–Me rehusó. –Extendió una mano hasta la parte baja de mi pijama– No llevas la parte de abajo del pijama.
Me metí rápido a la cama– Claro que no, es un Victoria Secret, es así.
Se rascó la cabeza– ¿Por qué querrías ponerte algo así? No te abriga nada, ¿no te da frío en la noche? –Cómo podía hablar así.
–Duerme.
Me acomode en mi rincón, menos mal que mi cama era de plaza y media, o eso pensaba hasta que un brazo me rodeo y ese rostro volvía a colocarse en mi cuello.
–Buenas noches.
El beso que me dio en el cuello fue peor que cualquier otro. Me obsesionó más que ese beso en el auto, tal vez, porque estábamos solos en mi cama y que me besara el cuello para mí, era más intimo.
–Buenas noches. –Volvió a decir.
El brazo se apretó más a mí y también el resto de su cuerpo.
–Estas demasiado lejos y me da frío Roby.
Trate de alejarme un poco pero al no poder me quede en el mismo sitio– ¿Cómo sobrevives en tu casa?
–Tengo una piel de oso. –Su aliento me golpeó en el cuello y casi me retuerzo por las cosquillas
–¡¿Qué?! –Dije tratando de disimular.
–Era broma. –Percibí su sonrisa– Protectora de los animales.
Maldito– Tu siempre…
La boca de Alex se movió sobre mi cuello y de pronto…
–¿Qué es-estas ha-haciendo? –Alex me estaba chupando el cuello.
¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago? Me pregunte frenética.
–A-Alex, por favor. –Alex se separó de mí para mirarme– ¿Por qué hiciste eso?
Alex me sonrió– Buenas noches.
Me toque el cuello algo avergonzada– Eres un idiota.
–¿Estás haciendo un puchero? Apenas te veo.
–No estoy haciendo nada. –La verdad si estaba haciendo un puchero por lo que me acosté contra mi almohada.
–Me estas mintiendo. –Cantó antes de acostarse a mi lado y tomar mi cara– Beso de las buenas noches. 
–Buenas noches. –Dije antes de que sus labios tocaran los míos.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

No Wait!: Capitulo XXIV



Estar en clases era una tortura, mire a mi lado y estaba Alex que había sobornado a la chica que se sentaba a mi lado para que le dejara el lugar. Y bien ¿la tortura? Pues, era que estaba recordando a cada momento como se sentían los labios de Alex, aunque aun no sabía porqué, a mi no me gustaba.
Lo volví a mirar. ¿Cómo podría gustarme? Estaba anormalmente feliz… aunque ahora sabía que sufría por dentro. Vestía siempre con ropa de una talla más grande, y siempre lucía ojeras y el cabello desordenado, sabía que solo se lo peinaba con los dedos porque lo había visto hacerlo varias veces antes de entrar al comedor y hasta ahora no lo conocía lo suficiente para encontrar más detalles escabrosos. Pero si tenía una ventaja, desaliñado o no, el chico era guapo.
Eso me habían dicho.
–¿Por qué me miras tanto? Me asustas.
Mire hacia la pizarra– No te miraba.
Me piñizco la mejilla– Claro que me mirabas, de esa forma oscura que tienen las mujeres cuando quieren algo.
–¡Yo no quiero nada de ti! –Le grite.
Todo el mundo se dio vuelta en nuestra dirección. Alex les hizo una seña a todos, incluso al profesor.
–Lo lamento mi prima es tímida.
–¿Tú lo crees? –Le dijo una chica detrás de nosotros.
Alex se dio la vuelta para encararla– Por supuesto que lo creo, Robin es así de tímida. –Dijo, extendiendo los brazos.
Me sonroje– Por favor deja de hacer eso.
Él me sonrió– Pero si eres muy tímida.
–Basta de timidez y todo lo demás, es hora de que presten atención aquí adelante. –La voz del profesor acallo cualquier voz que estuviera hablando.
Seguimos en silencio durante mucho rato, al final el timbre rompió esa quietud y todos se dispararon hacia el salón de historia, yo no me apresure porque esa materia estaba apunto de reprobarla. Tome mis cosas y salí en dirección al gimnasio.
–¿Dónde vas? El salón de historia es para el otro lado.
–No voy a aburrirme en esa clase, además ya estoy apunto de reprobarla. –Le dije con amargura.
Al principio no era mi intención fugarme de clases, pero esos chicos mayores siempre me quitaban la mochila al salir del salón, esta era su hora libre pero ahora se la habían cambiado por causa de un profesor.
En fin, ahora simplemente me escondía allí donde no me viera nadie que pudiera molestarme.
–Ve a clases. –Le dije ya caminando hacia el gimnasio.
–Bueno. –Me dijo de mala gana.
Cuando llegue al gimnasio no había nadie, así que subí a las gradas rápidamente y lancé mi mochila con mis cosas. Solo no predije que alguien iba a tomar mi mochila desde arriba y a registrarla.
–Hola dulce Robin, ¿qué traes hoy para comer?
Me sonroje pero algo me paso– Solo yogur con frutas.
Tom me sonrió de medio lado– Así mantienes esa figura ¿eh?
Volví a sonrojarme, aun no llegaba esa melodía que solía recitar mi corazón, una que tocaba con mucha rapidez cada vez que lo veía.
–No es así, suelo comer mucho más pero hoy solo pude sacar eso de la cocina.
Tom me hizo lugar y me senté a su lado– Nunca habíamos hablado. –Negué con la cabeza– Es raro.
–Un poquito.
Su mano se poso en mi cabeza y la giro en su dirección– Bastante raro.
Su cabeza se inclinó sobre la mía y cerré los ojos, cuando me beso espere que me hiciera volar y hacer sentir mariposas en el estómago pero… nada ocurrió. Sus labios separaron los míos y su lengua entró en mi boca, algo que me dio un poco de asco. Desee que terminara, por eso me separé algo rápido de él.
Me miro con curiosidad– Ese mocoso que te acompaña es tu novio ¿no?
–¡¿Qué?! Claro que no, es mi primo.
Me dio una sonrisa de desagrado– Y yo soy imbécil, déjame solo y lárgate de una vez de mi vista.
Sin entender nada y maldiciendo también a los hombres, me retiré con mis cosas, antes de terminar de bajar las escaleras de la galería me di cuenta de que no llevaba mi comida.
Me di la vuelta y mire arriba– ¡Comete el yogur o tíralo! ¡Me da igual!!
Él me miro desde arriba– ¡¿No te vas?!
–¡¿Qué carajos te pasa?!
Por un momento pareció sorprendido– ¿Qué me dijiste?
Tire mi mochila a un lado y corrí hasta arriba– Dije, ¿Qué carajos te pasa? No entiendo a los hombres, son todos unos idiotas y…
Antes de poder continuar él se puso a reír compulsivamente.
–Pobre de ese idiota de tu novio, ¿así le gritas?
–¡Ah!! –Le di un manotazo y baje las escaleras– ¡Eres un pendejo!
Cuando iba saliendo mire hacía atrás y lo vi riéndose a carcajadas de mí. Le hice una seña obscena con el dedo medio.
–¡Jódete!
Al no recibir respuesta me imagine que se siguió riendo, lo que me hacía exasperarme. Seguí mi camino hacia el comedor, hoy iba a tener que comprar que comer.
Al llegar al comedor me di cuenta de que era aun temprano por lo que espere hasta que apareció mi curso con un muy triste Alex detrás de ellos. Corrí hasta él sin pensarlo, quería saber que le ocurría, me dolía que estuviera así.
–¡Alex! –Lo agarré del brazo– ¿Qué te pasa?
Me miro frunciéndome el ceño– ¿Por qué no me dijiste que tenías novio? No me hubiera preocupado porque te quedaras fuera de clases… o eso creo que siento. –Dijo con la confusión escrita en su cara.
Estaba harta, lo agarré y lo zarandee– Que. No. Tengo. ¡Novio!!
Él me miro enojado– Entonces, ¿quién era ese tipo con el que te besabas?
¿Él me había visto? Ups.
–Es un chico que creí que me gustaba pero no lo sentí… –Me toqué los labios mientras miraba el patio a un lado del comedor– Se supone que debo sentir “eso”, lo que todos sienten esa, esa conexión ¿no?
Él me golpeo la cabeza, mientras se reía de mis sentimientos– Tontita.
Le di una patada en la espinilla– Solo por eso me vas a invitar a comer hoy, quiero una hamburguesa y papas fritas con una coca-cola.
–¿Qué pasa con la dieta? –Me preguntó divertido.
Le di otra patada– ¿Me estas diciendo gorda? Limítate a pagar.
Él me abrazo de improviso– Bueno, aunque ¿sabías que si engordaras la grasa primero iría a tus muslos y luego a tus pechos?
Me mire y no me vi mal, le di otro golpe en la espinilla– ¿Qué te pasa con mi cuerpo?
Me miro algo confundido– Nada, tienes unas bonitas piernas y un bonito trasero y estoy seguro que tus pechos caben en mis manos…
Le tape la boca y mire hacia todos lados por si alguien nos había visto u oído.
–¿Qué? No me estaba ofreciendo para tantear con mis manos, ni nada…
Acerqué mi cara a la suya– A veces creo que haces esto solamente para exasperarme.
La inocencia que había en su mirada me decía que, no era así pero cuando sonrió mi corazón latió fuerte.
–¿Estás segura que no son novios? A mí me lo parece.
Mire a Tom que estaba con mi envase con yogur en la mano, de nuevo volví la mirada a Alex que lo miraba con odio y eso no me agrado. Le di un toquecito en la barbilla y le guiñé un ojo, Emily me había dicho que así se captaba la atención de un chico, y lo comprobé con el sonrojo de Alex.
–No me gusta que lo mires así. –Me di la vuelta– Viniste a devolverme mi pote, supongo.
Él me sonrió de mala gana– Si, aquí esta. Todo tuyo y recuerda que primero se va a tus muslos y…
Esto. No. Tenía. Nombre. Le di una patada en la espinilla y le jale la oreja.
–Perdono a ese baboso…
–¡Oye! –Me dijo Alex.
–Solo porque es mi primo y sé que no puede cambiar su forma de ser tan... especial pero no se lo permitiré a nadie más.
Tom me gruñó– A mi no me gusta que me golpeen y menos una niñita.
Alex me separó de Tom con mucho cuidado– Al poco tiempo te acostumbras, me dio un golpe duro en el estomago la noche que quise acostarme con ella.
Tom nos miro sorprendido y al poco rato me di cuenta del porqué. Me sonroje de pies a cabeza cuando entendí como sonaban las palabras de Alex.
¡Ese idiota!
–No es lo que piensas, este idiota habla de esa forma, no tienes que hacerle caso, créeme… –Dije hablando rápidamente, me cubrí la cara– Oh Dios…
Alex estaba divertido– ¿Qué pasa?
Tom lo estudió detenidamente– Acabas de insinuar que te “acostaste” con tu prima idiota.
Alex seguía sin entender– ¿Qué tiene? Un día dormimos abrazados y descubrí que Roby es calientita y esponjocita.
Me sonroje, recordaba esa tarde que me acosté a dormir en el sofá de la sala de estar.
El día había sido perfecto, con decir que Emily me había acompañado comiendo chocolate y jugando cartas, solo faltaba echarme y tomar una siesta para cerrarlo con broche de oro. Lo hice, pero al despertar unos brazos me estaban rodeando y la cabeza de “ese” alguien estaba enterrada en mi cuello. Me había girado un poquito y al ver que era Alex, quien estaba durmiendo con tanta paz me había dado pena despertarlo, así nos quedamos hasta que despertó y me dio un beso en el cuello.
–¿Esponjocita? –Tom se rió– ¿De dónde?
Le lance una patada pero la esquivo y casi perdí el equilibrio sino es por el brazo de Alex que se enredo en mi cintura.
Alex me apretó el estomago– De aquí, siempre me encanta tocarle su pancita.
Mis tripitas sonaron– Tengo hambre…
Alex me dio la mano– Bueno, nosotros nos vamos desconocido. Tengo que darle de comer después de reírme de ella, aunque no entiendo aun porque se enojo. Bueno, adiós.
Tom nos quedo mirando sin saber que decir.
Apreté aun más su mano– ¿Me vas a comprar mi hamburguesa?
Nos detuvimos en frente del letrero de comida y él comenzó a pedir comida. Mire mi pote con yogur y fruta, Tom no lo había tocado.
–Compra una cuchara también.
–Bueno.
Salimos al patio y buscamos un lugar donde poder comer, o sea, terminamos debajo de un árbol. Había muchos en el patio por una cuestión excéntricamente ecológica.
–Tú hamburguesa y papas fritas, todo acompañado por una rica y saludable coca-cola. Provecho.
–Gracias.
Tome mis cosas y las coloque encima de mi mochila.
De pronto una de las manos de Alex agarro mi vestido, –a petición de Emily me estaba vistiendo con vestidos y calzas, sin olvidar mis converse pero me sentía… demasiado femenina–, Le golpee la mano a Alex.
–No seas pervertido.
Alex me tiro del vestido– Tú no seas exhibicionista, estabas mostrando casi todo.
–Bien, lo siento. –Le dije de mala gana.
Seguimos comiendo nuestros almuerzos, él se había comprado un sándwich y ensalada de brócoli, me estaba haciendo ver gorda. Termine mi comida mucho después que él y abrí mi pote de yogur.
Le di un toquecito en la cabeza– Ahora di “a”.
Alex se acomodo en mi regazo– A.
De nuevo mi corazón latió fuerte, ¿qué me pasaba?
Le di yogur turnándonos, y aun no me dejaba esa sensación en mi pecho.
–Ya esta siendo hora de ir a clases, ¿vas a entrar? –Preguntó quitándome el pote y limpiándolo con el dedo. Iuk.
–Si dejas de hacer eso iré.
Alex tiro el pote en mi mochila y se la colgó en su hombro– Vamos.
–Ok. –Solo un par de horas más y saldría de clases.
–¿Hoy también vas a acompañar a tu prima a sus clases?
Asentí con algo de pena, hoy tocaba clases de premamá e iba a acompañar a Em, no me gustaba que estuviera sola en eso y menos ahora que Jane no podía acompañarla porque trabajaba con Marcus en algo súper secreto.
Presintiendo mi estado de ánimo, Alex me abrazo por los hombros.
–Ella es fuerte, no sé que le paso pero ella se ve tranquila y eso es lo que importa. –Me abrace aun más a Alex– ¿Qué pasa? 
–Gracias Lex.

No Wait!: Capitulo XXIII



–¡¿Embarazada?!!
Aparté el teléfono de mi oído– Deja de gritar.
–¿Qué deje de gritar? ¡Heath!!!
Escuche pasos del otro lado de la línea– ¿Qué pasa Zoe? No te alteres, no le hace bien a Heather.
Mire mi pancita, esperaba que Paul fuera así también cuando le llamara.
–Emily esta embarazada de Paul, –Lo siguiente que dijo fue con una voz que nunca le había escuchado; Fría– Tú amigo el idiota.
Por lo que eso no me sonó muy bien, nada bien.
Ella solía ser más compasiva con Paul, era su amiga, ¿qué le pasaba hoy? Había escuchado que las hormonas hacían estragos con una en el embarazo pero no pensaba que tanto, esperaba controlarlas mejor que ella.
–Oh, Dios mío. No puede ser. –Escuche los susurros y luego el teléfono cambio de manos– Emily, ¿estas segura?
Me sorprendió que ni siquiera me dijera “hola”, pero le seguí el hilo– Me hice unos test de embarazo y una prueba en el hospital, estoy muy segura. –Le dije sin sentirme muy bien, su tono de voz no me agradaba y comenzaba a asustarme.
–Emily, lo siento. –Su tono se estaba volviendo cada vez más penoso.
–¿Qué esta pasando?  No me agrada tu tono de voz, ¿por qué me dices que lo sientes? –Dije algo insegura– Me están asustando.
–Emily… Paul se casó hace una semana.
El teléfono se cayó de mis manos.

***
Entre en el cuarto de Emily sin llamar al entrar, últimamente se demoraba mucho en su cuarto y papá estaba preocupándose, sin más decir que, el abuelo estaba a punto de sufrir una pataleta si ella volvía a saltarse el desayuno.
–¡Em!! –No se veía por ninguna parte– ¿Estás en el baño?
Abrí la puerta y me encontré una escena desagradable, así que, cerré de inmediato la puerta.
–¡Lo siento! –Le grite– Creo que perdí las ganas de desayunar. –Termine para mi misma.
Emily tiró de la cadena del baño y luego escuche el agua del lavado correr– Discúlpame a mi, las nauseas aun no me dejan, probablemente no me abandonen hasta el final del embarazo.
La mire con atención cuando salió del baño; se veía débil y bastante pálida sin maquillaje. Mi mirada se quedo prendida de su pancita, por inercia alargue mi mano y se la froté.
–Pancita. –Le sonreí.
Ella me dio una pobre excusa de sonrisa, comenzaba a ser natural de ella y a mí, comenzaba a molestarme.
–Vale. –Me senté en su cama– Ponte ese vestido azul que te regalo el abuelo, te ves muy linda con él, ¿si? Por fis.
Emily miro el vestido dudando pero al final se lo colocó. Se veía hermosa, su piel parecía brillar en contraste con el azul del vestido, con cuidado se puso los zapatos bajos que iban a la par. Luego, vino la parte que siempre me sorprendía; con una mano tomo el lápiz de ojos y se los delineo, con la otra acerco las sombras y comenzó a maquillarse en serio usando los polvos y cremas. Para cuando terminó, la Emily pálida y débil se veía casi como la antigua Em, solo faltaba el brillo en su mirada.
Bajamos a desayunar cuando ya solo faltaba que bajara Sam, pero de eso sería pronto. Zack le había comprado varios despertadores y los colocaba en distintas partes todas las noches, hace una semana se había aburrido de la rutina de ir a despertar a Sam diciendo que no iba a seguir malcriando al “idiota”.
–Buenos días. –Les dije a papá y a mamá, los abuelos apenas y me prestaron atención, trate de no sentirme desplazada pero al fin y al cabo yo no tenía ni la mitad de líos que Emily.
Todavía recordaba la visita del tío Edward y de los gritos que había escuchado después entre él y el abuelo. Emily dejo de comer después de eso, pero al final su papá se había calmado y aceptaba que iba a tener otro nieto y eso es lo que era, aunque este no tuviera papá.
Aunque Emily seguía sin comer demasiado, más bien lo justo y lo necesario.
Un niño que aun no tenía nombre. Y eso comenzaba a preocuparme, se lo mencionaría a Emily pronto en una de sus cuantas lecciones para volverme señorita.
La abuela ya estaba a un lado de Emily, ella había estado en casa de sus padres cuando recibieron la noticia sobre que Emily estaba embarazada, de eso ya tres meses, al principio estaba consternada pero ahora se sentía sobreprotectora.
–¿Cómo amaneciste?
Emily se veía algo incomoda– Estoy bien, ahora me siento algo hambrienta.
–Siéntate cariño y tómate el jugo, tiene ácido fólico.
La vi sentarse con desgana a un lado de la abuela que ocupaba su asiento a un lado del abuelo, ambos estaban cooperando pasándose la comida y luego dándosela a Emily.
Tome asiento a su lado tratando de ignorar a mis hermanos que estaban en frente de mí, mirándome como si quisieran ahorcarme.
Los entendía un poquito.
Comí en silencio hasta que fue hora de ir al instituto y de buscar mi mochila.
Fui hasta mi cuarto corriendo y la tome sin colocármela, solo cuando estuve abajo me la colgué con algo de esfuerzo en el hombro.
–De nuevo llevas muchas cosas.
Me di la vuelta de inmediato, frente a mí estaba la razón del enojo de mis hermanos, nuestro primo Alex. Aunque era más bien un primo lejano, nieto del hermano menor del abuelo y aquí con motivos extraños que nadie sabía.
Bueno, yo y mis hermanos no sabíamos nada.
–Solo llevo mis libros.
Me sonrió de forma dulce– Dame tu mochila yo la llevaré, se ve que esta pesada.
Me sonroje– No-no gracias, en serio no esta pesada…
–Déjame ayudarte de todas formas. –Sin darme opción me quito la mochila y se la colgó en su hombro.
Lo mire apenada– ¿Por qué no desayunaste con nosotros?
Me volvió a sonreír, pero esta vez la sonrisa no llegó a sus ojos– Desayune en la cocina.
Le fruncí el ceño confundida– No entiendo porqué querrías comer allí.
Me tomo del mentón– ¿Sabías que haces un puchero cada vez que frunces el ceño? Es muy lindo me dan ganas de besarte.
Mis piernas no me querían sostener– Ahh…
Se separó de mí como si nada– Claro, eso haría si fueras mi hermanita menor, que por cierto hace eso mismo.
Lo mire molesta– ¿Qué edad tiene?
–Tres.
Iba a darle un golpe en el estomago pero aparecieron mis hermanos, ¡¿cómo me comparaba con una niña de tres años?!! ¡Me sacaba de quicio!
–No soy tu hermana baboso. –Le gruñí.
Él me miro como si no entendiera, lo que probablemente hacía.
–¿Qué diablos hacen ustedes solos? –Zack le quitó la mochila a Alex antes de que pudiera responderle la pregunta.
Alex se encogió de hombros– Nos encontramos de casualidad.
Sam se le acercó– Escuché algo de un beso.
Alex les sonrió– Ella estaba haciendo pucheros y le dije que mi hermanita hacía lo mismo y que solía besarla por lo adorable que se veía.
–Tú hermanita de tres años. –Agregué con resentimiento.
Zack me sonrió– No tenía idea de eso.
Sam me miro un buen rato– Yo si.
Cuando Sam sonrió supe que debía correr pero me abrazo antes y me dio un beso en la boca, me aparte de golpe.
¡Maldito!!
–¿Qué te pasa? –Le grite haciendo pausa para limpiarme la boca– Era mi primer beso.
Zack y Sam se estaban riendo– Es tan dulce. –Dijeron a la vez.
Me sonroje y tome de la mano a Alex y mi mochila del hombro de Zack.
–Sonrojada te ves muy bonita.
–Calla.
–Está bien, ¿sabías que antes las mujeres se piñizcaban las mejillas para hacer ese sonrojo?
Le apreté la mano– No me interesa, solo camina.
Escuche su risa– Me parece que solo me soportas por mi auto. –No haciendo caso de mi apretón– Dime algo, por favor.
Hace un par de semanas había venido un hombre que no había reconocido, tal vez porque nunca le había visto, pero tenía un sorprendente parecido a mi padre. Detrás de él había estado Alex con una cara no muy alegre. Ambos me habían llamado la atención ya que por esa casualidad yo había abierto la puerta antes que la sirvienta y... ambos altos del cabello rubio y ojos azules.
Claro que, de pronto me vi retirada de la puerta para darle paso a papá que no hizo más que abrazar al hombre mayor y de pronto me di cuenta de quien era; Tío Charles, quien estudió en el instituto y la universidad con papá, fueron los mejores amigos por muchos años pero por el trabajo de ambos no habían podido continuar con la amistad, aunque sabía por mamá que papá no perdía oportunidad para llamarle a tío Charles.
Poco después de una charla tío Charles se fue dejando a Alex con nosotros, a pesar de que encontramos a Alex un desconocido, papá solo lo abrazo y le indicó su cuarto sin decirnos qué hacía aquí. Dos días después llegó su auto y una gran maleta.
Comenzamos el segundo semestre de clases y él se unió a la mía, ya que tenemos la misma edad, él me lleva al instituto y todo pero nunca me dice porqué esta aquí o cómo se siente, pero ¿para qué querría saberlo?
Llegamos a su auto y me subí al asiento trasero.
–Conduce James.
Alex me cerró la puerta del auto, a pesar de sus comentarios él siempre era un caballero, sospechaba que era hijo único pero al decirme que tenía una hermanita… no tengo idea de quien es él.
–¿Tienes más hermanos? Digo, aparte de tu hermosa hermanita menor.
Alex me sonrió y esta vez la sonrisa llegó a sus ojos– Si, somos cuatro. Mi hermano mayor Adrian se encarga del centro de esquí, mi hermana Susan tiene una café en el pueblo, y luego estamos mi hermana gemela y yo.
Fruncí el ceño– Espera, nombraste a una hermana menor…
–Ella… –No me dio la cara cuando habló– Murió el mes pasado.
Sentí como si al auto le faltara el oxigeno y me sentí tragada por el ambiente. No podía creer que ese chico que parecía tan caballeroso, tan feliz y despreocupado… me di cuenta de que todo era una máscara.
Mire hacia la ventana cuando el auto comenzó a moverse, no quería que él viera mis lágrimas.
–¿Cómo crees que estará el día? –Me pregunto.
Mire el cielo despejado– No-no lo sé.
El auto se detuvo antes de llegar al instituto, antes de notar que pasaba la puerta de un lado se abrió y Alex se sentó a mi lado y me abrazo.
–¿Qué haces idiota? No me abraces.
Alex me miro y me beso en los labios despacio y luego se separó, no antes de depositar otro beso en mi frente.
–¿Ese es otro beso que le darías a una de tus hermanas? –Hablé sin pensar– Lo siento.
Él me sonrió– En realidad, de consuelo. No debes sentir pena por mí o mi familia, Elena estaba enferma desde que nació, solo era cuestión de tiempo para que muriera. Verás, sus pulmones eran débiles y todos sabíamos que éramos mezquinos haciéndola vivir de una manera que no era justa para ella. Hace un mes se cortó la electricidad en casa y se apagó su maquina de oxigeno, no pudimos llevarla a tiempo al hospital. –Tomo mi rostro entre sus manos– Por eso no estés triste, Elena ya no sufre más y sé que donde esta, ella está feliz.
Mi labio formo un puchero, quería llorar. Alex me sonrió y me beso, luego tomo mi labio y lo chupó. Cuando se alejó me sonroje muy fuerte.
–Ahh…
Alex sonreía encantado– Eso quería hacer antes, ¿vamos a clases ahora?
Asentí algo aturdida aun por sus cambios. Definitivamente, no iba a entender a este chico nunca.