sábado, 11 de agosto de 2012

No Wait!: Capitulo XIX



Me toque la cabeza.
–No lo puedo recordar muy bien, he sentido muchas nauseas estos días y fui al baño, recuerdo... –Mire a los chicos que ya estaban colocando caras de asco.
La enfermera saco un termómetro de su bata– ¿Fue al baño y qué?
Comencé a recordar mi día.
Me había sentido mal toda la semana, no solo emocionalmente sino físicamente, aun no sabía el motivo y comenzaba a asustarme. Llame a Jane en cuando me desperté, hoy no me fui a la universidad como los últimos dos días por la misma razón, los mareos se habían vuelto demasiado para mí. No sabía a quien acudir, y no quería volver a casa del abuelo así que la siguiente en mi lista era Jane.
Después del almuerzo había decidido arreglarme para esperar a Jane con una mejor cara de la que había lucido estos días y casi lo había logrado, en Jeans, camiseta rosa y una chomba de lana roja, pero me la había quitado al comenzar a sentir calor, poco después vinieron las nauseas y corrí al baño cuando me di cuenta de que iba a vomitar en serio. Después nada.
–Vomite, recuerdo levantarme y eso es todo. –Me levanto el brazo y puso el termómetro por debajo de mi camiseta.
–Perdió el conocimiento cuando se levanto, es normal, debió sentirse débil. ¿Vive sola? –Asentí– No debe estarlo ahora, ¿tiene a alguien que pueda cuidarla?
–Nosotros. –Dijo Zack.
La enfermera le dio una mirada de indecisión– Me refería a alguien de su familia pero de más edad, como sus padres.
–No, estoy sola. –Seguí diciendo.
–Mentira, nuestra familia vive aquí, el abuelo quiere que vuelvas a casa y allí te podemos cuidar todos, mis padres también viven en la casa por si eso la convence señorita.
–Eso estaría bien. –Respondió más segura la enfermera.
Negué rotundamente– No voy a volver, ya esta decidido. No hay de que preocuparse, ya me he desmayado antes y no es nada riesgoso, en verdad nunca antes me había pasado esto.
La enfermera me dio la espalda– Pueden llevársela, pero preferiría que su abuelo o su padre señor, viniera por ella. –Cuando me miro quise poder dar un paso atrás por la dureza que veía en esos ojos– La siguiente vez que se desmaye podría hacerlo bajando unas escaleras o quizá en frente de una estufa, piénselo.
Asentí.
Ok, eso era muy feo de imaginar.
–Le llamaré al abuelo ahora mismo. –Dijo Zack ya con el móvil en el oído y saliendo del cuarto.
Mire a Jane suplicante– ¿Si te quedas conmigo unos días? ¿No te gustaría vivir conmigo?
–Imposible, tu casa apenas y tiene lugar para ti, yo no tendría lugar allí ni para mis zapatos. Es mejor que vayas con él, –Luego me dio una mirada extraña– A menos que quieras ir conmigo a casa de mis padres, ya sabes como es papá y también Marcus. Estoy segura que el abuelo y también querrá estar allí para cuidarte.
No tuve que pensar demasiado entendí de inmediato mi situación. Ellos me catalogarían como Damisela en apuros y nunca saldría de allí. Y en especial si el abuelo Jason llegaba a enterarse, se enojaría con el abuelo Alfred y me encerraría en su casa, eso sería mucho peor que tío Mark y Marcus.
–Ok. Ganaron. –Les dije enojada.
La enfermera asintió satisfecha– Iré por el doctor para que le de otra inspección y el alta.
Zack entró– Viene de inmediato junto a papá, por si te interesa están muy preocupados por ti.
–Gracias. –Le dije con sarcasmo.
–De nada, –Me dijo feliz consigo mismo, se notaba– Estarán aquí en unos minutos.
–No entiendes el sarcasmo, ¿cierto?
Negó– Viniendo de ti, lo evito.
Jane me dio una sonrisa conciliadora– Es lo mejor para ti.
Espere a que el doctor me revisara, era un viejito bastante gracioso. Tenía el pelo desordenado y casi parecía Einstein, me tomo la temperatura y me receto vitaminas, además de decir que debía ir al nutricionista.
–Gracias, me lo pensaré.
–No, usted jovencita va a ir. –Me dio la espalda, estaba sintiéndome bastante extraña, todos me daban la espalda– Mañana vengan y pidan una hora para ella, necesita una dieta, esta en los huesos.
No pude evitar mirarme por todos lados, creía que me veía bien y al parecer estaba equivocada.
–Peso sesenta y un kilos, estoy bien. –Les dije a todos.
–¿Cuánto mide? –Me pregunto el doctor que ya no me parecía chistoso.
–Uno setenta y algo. –Negó con la cabeza– ¿Qué?
Me dio la espalda– Que venga mañana mismo, temprano sería ideal. Estas chicas de ahora creen que verse en los huesos es lo ideal.
Estaba a punto de gritar– No me de la espalda, me irrita.
Siguió haciéndolo– ¿Es normal que tenga cambios de humor?
Zack se rió un poco antes de hablar– Casi nunca.
El viejito me observo atentamente y me hizo una seña para que me acercara, acerco su boca a mi oído– Compre unos test de embarazo, le recomiendo que compre tres de diferentes marcas.
Enrojecí– ¿Usted cree…?
–Si, lo creo. –Me dijo con la misma voz seria con la que había estado hablando. Era un viejito imperturbable.
–Está bien, lo haré. –Dije ocultando la mirada de los demás.
Me dio el alta y mire la receta, menos mal no había anotado los test de embarazo, reconocía que tenía algo de tacto aquel viejecito.
Esperamos otro buen rato hasta que llegó el abuelo con tío Zackary, apenas y pude mirar al abuelo, no tenía muchas ganas de hablar con él, por lo menos aun no.
–Vamos a casa ya firme los papeles, ¿cómo te encuentras? –Había preocupación genuina en su voz, por eso no pude evitar responder con sin resentimientos.
–Bien, solo algo débil. –Me toqué el lado derecho de mi cabeza, me dolía– Aun duele algo el golpe.
–¿Qué golpe? –Dijo el abuelo.
Mire a Zack, se encogió de hombros– Le dije que te habías desmayado y que estabas en el hospital, nada más.
Mire al abuelo– Me caí en el baño y me golpee la cabeza en el suelo de cerámica, por eso el chichón.
Me miro con suspicacia– Y, ¿por qué el desmayo? ¿Embarazo?
Me sonroje, el viejito chasqueo los dedos– ¿Hay alguien más que pueda cuidar de la niña?
–Mis padres. –Dijo Jane automáticamente, sin importarle las miradas de odio del abuelo.
El viejito asintió– Genial, llámalos querida.
–¿Qué? –Gruñó el abuelo Alfred– Yo vine por ella.
El viejito hizo una mueca– Mi paciente necesita que la cuiden, no que la hagan rabiar y que la manden de vuelta aquí por tensión alta.
–¿Por qué tendría la tensión alta? –Pregunte asustada.
El doctor me dio unas palmaditas– Tranquila querida, ahora es mejor que vayas a descansar. –Le dio una mirada dura al abuelo– Cuídela. –Su mirada se poso en mí– Hija procura tomar tus vitaminas y déjame escribirte en la receta un calmante para el dolor, no va a ser muy fuerte, no quiero que te haga daño.
Espere a que me diera la receta y me despedí del ancianito, al final no era tan malo.
Me subí al auto del abuelo, tío Zack me dio una mirada de preocupación al subirse en el asiento del conductor, el abuelo me miro de una forma que no pude describir.
–¿Te sientes mejor? –Me pregunto tío– ¿Necesitas algo?
–Quiero comer algo, una hamburguesa con papas fritas estaría bien y necesito mis vitaminas. –Me acomode en el asiento– Tengo sueño.
–Eso es mucho para ti. –Me dijo tío Zack.
–Emily no te duermas aun. –Me dijo el abuelo– Dame la receta y la compraré.
Recordé los test de embarazo– Es mejor que yo compre mi receta.
–¿Por qué? –Preguntaron los dos a la vez.
Mire a ambos– No quiero contestar.
El abuelo se puso a refunfuñar sobre nietas desagradecidas, y tío me miro feo, casi diciendo que debía hacerlo si o si. Los ignore.
Llegamos a una farmacia y… no llevaba nada para pagar. Mire a ambos sonriendo con dulzura.
–Alguien tiene dinero, no tengo nada en los bolsillos.
Tío se rió de mí– De eso ya me había dado cuenta hace rato.
Le di un golpe suave en la nariz– Las chicas que se desmayan no piensan en que si llevan dinero antes de caer al piso inconscientes.
–Pues deberían hacerlo. –Tío se acariciaba la nariz mientras hablaba– Sería práctico.
El abuelo se bajo del auto y tuve que seguirlo.
Mire la receta, y pensé en lo que tenía que comprar. Sentí algo de vergüenza al pensar en que él iba a enterarse de lo que iba a comprar.
–Busca lo que necesites y lo pagaré.
Asentí, y corrí hasta la joven que atendía– Necesito esto. –Le pase la receta y hable más bajito– Y necesito, tres pruebas de embarazo.
La chica asintió– Diferente marca.
El abuelo estaba mirando en la sección de perfumes, me le acerqué y saqué uno de mujer que me gustaba mucho, si tía me viera se horrorizaría en que no me lo comprara en una perfumería elegante.
–Quiero este, ¿puedo? –El abuelo asintió y tomo otro– ¿Crees que a la abuela le gustaría?
–No, pero me gusta que lleves un perfume diferente cada vez. –Sonaba mucho más tranquilo.
–Gracias abuelo.
Al poco rato tenía todo en una bolsita mientras el abuelo pagaba.
–¿Llevas algún secreto allí? –Me dijo con interés poco disimulado.
Mire la bolsa– Necesito algo de jugo para tomar los calmantes.
–Está bien, no me digas nada.
Lo mire apesadumbrada– Lo siento abuelo, pero pienso que te puedes enojar y no quiero más de eso, ya agote mi cuenta. –Le di un abrazo corto– Y ya estábamos mucho mejor.
–Está bien. –Dijo– No quieres hablar conmigo ahora pero esperaré, ¿o no?
–No puedo. Estoy exhausta y solo pienso que tal vez tú idea de volver a casa es la mejor opción. Terminaré el semestre y continuaré allá mis estudios, –Lo tome de la mano– Papá estará encantado con la idea, estoy segura.
El abuelo asintió– Mañana lo decidiremos.
Asentí– Lo que quieras.
Al final tío tenía una botella de agua mineral en su guantera, me tome los medicamentos, y todo se puso borroso después.

Estaba acostada, estaba tan calentito y me sentía muy cómoda.
Pero… ¿Cómo llegué aquí?
Me levante con cuidado, mi cabeza aun reclamaba por el golpe. Mira hacia todos lados y me encontré con que estaba en mi cuarto, de nuevo en casa del abuelo. Busque por todos lados mi reloj pero lo único que encontré encima de mi mesita de noche eran los medicamentos con un vaso de agua y una sobre otra las cajitas de los test de embarazo, ¿quién había estado aquí?
De nuevo me ataco el hambre, me sentía algo débil. Caminé en seguida hacía la cocina, con mucho cuidado baje las escaleras, temía por los mareos y las advertencias de la enfermera. Llegué a la cocina y sentí unas ganas tremendas de una tortilla de huevo. Saqué un bol y huevos y me puse a trabajar.
Mientras freía mi tortilla me di cuenta de que había un reloj sobre una encimera, después de todo eran las seis de la mañana, los calmantes habían hecho bien su trabajo después de todo.
Preparé algo de té y me serví en una encimera, por alguna razón en todo el proceso no había encendido ninguna luz en la cocina, creo que fue por eso que casi le di un susto de muerte a la cocinera.
–¿Qué hace aquí?
Le sonreí a la señora, era bajita y rellenita. Por alguna razón me daba confianza con tan solo verla.
–Tenía hambre.
La señora paso por mi lado aun agitada– Será mejor que le prepare algo de comer entonces.
–Ya me prepare una tortilla de huevo.
La cocinera se sorprendió al ver que era verdad, el bol aun seguía en el mismo lugar. Cuando me dio la cara estaba sonriendo.
–Es bueno ver a un Stonel autosuficiente. –Se rió– Pero no se lo diga a mis jefes.
Le sonreí encantada– Le aseguro que no se lo diré a nadie, aunque Zackary sabe hacer un par de cosas.
Bufó– Yo le enseñe las cosas fáciles, pero fracase hace mucho tiempo al tratar de enseñarle platos elaborados. –Tomo el bol y lo puso en el lavavajilla – ¿Quiere algo más?
Pensé un momento– ¿Sabes si hay hamburguesas?
Me sonrió– El pan esta en un estante y el resto esta en el refrigerador.

viernes, 10 de agosto de 2012

No Wait!: Capitulo XVIII



Que venga de inmediato a la oficina, eso había dicho mi madre cuando iba a mis clases de la tarde a la universidad.
No me gustaba este tipo de reuniones por lo general eran para llamarme la atención a mi o a Sam por ser tan incompetentes. Pero sobre todo me molestaban más cuando había tenido que plantar a Jane para estar presente, pero bien tal vez era algo importante.
Salí del ascensor después de asegurarme que la corbata estaba en su lugar y que llevaba los gemelos puestos y el traje impecable, mi padre era un maniático con la vestimenta cuando tenía que aparecer en la oficina, mire con nostalgia la oficina de Carol, mi primita adorada no había aparecido hace en días por estos lugares ni siquiera en casa y comenzaba a preocuparme.
Carol salió en ese momento de su oficina y me dio una sonrisa ensayada, no le agradaba nada a ella, por alguna razón la única que le agradaba era Emily al resto de la familia nos trataba con fría cortesía.
–¿Cómo te va Carol?
Apenas y disimulo una mueca– Bien.
Asentí y me dirigí hacia la oficina del abuelo, por lo visto ella también iba hacia el mismo lado.
–¿Mucho trabajo?
–Si. –Respondió con indiferencia.
–Que bien. –Dije algo molesto.
–Oye, tú quizás puedas decirme donde esta Emily y porqué ya no viene a trabajar. –Su voz por fin sonaba interesada en algo.
Me detuve antes de entrar a la oficina– Sé donde esta pero no tengo idea de porqué no esta aquí.
Ella me dio una mirada fría– Que bien.
–Hablo en serio, pelearon el abuelo y ella pero no tengo idea porque, solo sé que desde ese día no la he visto. Me preocupa.
–Bien. –Me abrió la puerta y me hizo entrar– A mi también me preocupa.
Papá y el abuelo estaban sentados uno a cada lado del escritorio, no me gustaba nada eso.
–Buenas tardes. –Solo el abuelo aparto la mirada de lo que estaba haciendo, papá siguió en lo suyo, una manía algo molesta.
El abuelo me hizo una seña y me senté en la silla a un lado de papá, quien estaba concentrado en unos papeles que tenía en las manos y que si estuviéramos en casa se los hubiera quitado de las manos.
–¿Qué sucede?
–Desde ahora comenzaras a entrenarte como lo estaba haciendo Emily, tomaras tú puesto como heredero dentro de poco. –El abuelo fue quien hablo– Carol te va a ayudar en todo lo que necesites, solo pregunta cuando no lo sepas y comenzaras estudiando todo lo que esta relacionado con el negocio, como se hacen los tratos y como funciona todo, absolutamente todo.
Los mire a ambos emocionado por la oportunidad pero luego me llego un pensamiento que no me agrado.
–Pero Emily…
–Emily dejo tirado el negocio de buenas a primeras, creí que sería distinta pero no lo es. –Me interrumpió el abuelo– Fue demasiado para ella, pero tú naciste en este ambiente por lo que es tú deber continuar. Eres el mayor de todos mis nietos, espero entiendas.
–El que más se merece estar a la cabeza, felicidades hijo. –Papá en verdad se veía emocionado.
Ambos se veían emocionados y en especial se veían contentos con su decisión. Quería sentirme igual que ellos pero no podía, el sentimiento de que estaba traicionando a Emily no me dejaba decir las palabras que ellos querían escuchar.
Al final solo asentí.
–Bien hecho. –Me dijo el abuelo.
–Sé que te comprometerás con tú puesto. –Papá se levanto y me dio un toque en el hombro– Comienzas mañana, ahora tengo una reunión. Vamos Carol.
–Si, señor.
Mire a todos y comencé a levantarme, pero el abuelo me hizo una seña con la mano para que me quedara en mi lugar.
–Quería hablar contigo.
Me acomode en mi asiento– Soy todo oídos.
–Que bien, dime donde esta tú prima y que le pasa, dejo todo tirado desde ese día que salió de casa sin comer nada. ¿Por qué no volvió?
Me asombraba que se acordara de que Emily no desayuno ese día– Mira, sé que no te va a agradar, pero lo único que sé es que esta en su departamento, no sé de qué hablaron ustedes pero si sé que ella no se siente muy bien, Jane es quien habla con ella. No, no ha querido hablar conmigo y el otro día Robin paso por su departamento y no le abrió la puerta.
–¿Va a la universidad? –Asentí, eso si lo sabía, había preguntado por ella a unos compañeros de su clase. El abuelo se quedo pensativo antes de seguir hablando– ¿Es por ese chico? ¿Ese francesito?
Me asombre– ¿Te contó de Paul? –El abuelo asintió– Oh, bueno supongo que por eso no esta cómoda, el tipo es un idiota hasta Heath lo dijo y eso que es su mejor amigo.
–¿Por qué? Ella no hablo mal de él. –Me dijo el abuelo girándose hacia la ventana.
–Esta enamorada desde hace años de ese tipo, acepto que no es un malo pero no tiene como prioridad a Em. Ella deja todo por él, pero él no deja nada por ella.
–¿Puedes intentar hablar con ella?
–Descuida, le dijo a Jane que puede ir esta noche, me colaré. Yo también estoy preocupado por como esta actuando, no es normal que no deje entrar a Robin y que apenas quiera ver a Jane.
–Gracias Zackary. –Se veía mucho más tranquilo que antes, me alegraba poder hacerlo sentir mejor pero no podía evitar que hablara mi consciencia.
–¿Quieres que le diga a Emily que le quitaste su puesto? Digo, ya que estoy allí perfectamente le puedo decir que ahora su puesto es mío.
El abuelo hizo una mueca– Preferiría que no le dijeras nada de esto, cuando ella quiera hablar conmigo le diré todo.
–¿Por qué? Porque esperar. –me resentí un poco en nombre de Emily– Ya que estamos hablando del tema, no es justo que la trates de esta forma, ¿qué piensas hacer en verdad?
–Estaba pensando que tal vez es mejor que vuelva a casa con Edward, fue un completo error traerla, ella va a estar mejor en casa de sus padres.
Lo mire incrédulo– ¿Sabes que representaría eso si estuviera en su lugar?
El abuelo se irguió en su asiento– Qué Zackary.
–Para mi significaría que he perdido casi tres años de mi vida en algo que no se va a cumplir. En especial porque tuve que dejar de lado mi carrera por ese algo que al final no iba a ser mío. –Le dije con algo de rabia en la voz– Si fuera Emily, me iría y me olvidaría de esta familia. Yo no la culparía, no importa lo que ella haya echo porque sé que tiene un motivo, ella no es del tipo de personas irresponsables que crees, sé que hay algo que no sabemos.
El abuelo se quedo callado y me despidió con un movimiento de cabeza, se dio la vuelta y eso acabo la discusión.
Salí de la oficina con la mente nublada por el sentimiento de traición que no se iba.

Espere a que la puerta se cerrara y marqué el número de Edward. Contesto después de tres llamadas, maldije el reconocimiento de llamadas era un invento bastante molesto.
–¿Qué quieres viejo?
–Mocoso malcriado ya estás de mal humor, ¿por qué? ¿Qué pasa esta vez? –Le pregunte, era normal que se molestara por mis llamadas pero siempre era después de pasados cinco minutos de hablar.
–Es algo del trabajo, no importa. ¿Qué pasa? ¿Le sucede algo a Emily?
Con el lápiz en mano comencé a rayar las hojas en blanco que tenía en frente, un pequeño tic.
–Es más o menos, ¿quién es Paul?
Una puerta se cerró al otro lado de la línea– ¿Volvió? Si trata de acercarse a mi bebé de nuevo lo mato, ¿está ahí?
Esto comenzaba a molestarme– No, pero quiero saber el nombre completo del chico, mejor si puedo saber todo de él.
–Pon el nombre de Paul LaCourt en Google, te aseguro que lo vas a encontrar, has clic si te sale un link hacia familia de políticos. Ahora dime que pasa. –Mi pobre chico estaba ansioso– ¿Emily esta bien?
Escribí todo en la hoja que estaba rayando– Emily estuvo en París, ¿qué me dices a eso?

Al anochecer, Jane estaba en la entrada del edificio de Emily esperándome a petición mía después de haber salido de la oficina del abuelo. Me acerque y le di un beso en la boca de inmediato, era la mejor forma de decirle hola.
Jane se separo con reticencia de mí, eso me gustaba– ¿Qué pasa?
–Soy el heredero principal de los Stonel, ¿qué tal? –Le dije con falsa alegría, Jane se dio cuenta de inmediato de ello, por su mueca.
–Pero tú abuelo le había prometido a Emily, bueno, ella debía hacerse cargo de su herencia.
–Sé lo que el abuelo le había prometido, y me siento mal por ello.
Jane me dio un abrazo– Vamos arriba y veamos a Emily, y Zackary tú no tienes la culpa por las decisiones de tu abuelo.
–Lo sé Jane, vamos arriba y veamos a nuestra primita adorada.
Subimos hasta el piso doce donde Emily tenía su casa, no se veía mucha gente en el lugar pero suponía que no era de esa forma todos los días, aunque nunca había vivido en otro lugar que no fuera la casa Stonel.
–Parece algo solitario este lugar. –Jane se pegó más a mí.
–Tétrico.
Llegamos al lugar y Jane sacó una llave de su bolso, últimamente se vestía con faldas y zapatos de tacón alto. Se veía mucho más hermosa mostrando esas piernas largas, estaba con la mirada prendida en esas piernas cuando su mano comenzó a estirar la falda.
Le di una sonrisa de medio lado– Tu sabes que me encantan tus piernas además de tus pechos hermosos. –Logré que ese sonrojo adorable cubriera su rostro– Pero una pregunta, ¿por qué tienes una llave?
–Se la robe a Emily cuando compró el lugar, me dijo que viniera pero ya una vez me lo dijo y se arrepintió. Me asegure esta vez.
Le di un beso en la boca– Eres grandiosa.
–Única, lo sé.
Me sentía como un intruso cuando Jane abrió la puerta, y más al ver que las luces estaban apagadas y no se veía nadie, en cambio mi novia se veía de lo más cómoda. Le sonreí, ella era adorable.
–Salió. –Dije algo desilusionado de no verla, se había vuelto como mi hermana pequeña en estos años.
–Si, eso veo. Voy al baño. –Encendió la luz y siguió por un pasillo.
Mire por todos lados, el sitio era pequeño. Abrías la puerta y te encontrabas con la sala de estar y en una esquina estaba la cocina, por el pasillo que había seguido Jane estaba un cuarto de baño y la habitación de Emily. Era sofocante.
–¡Zack!!
Me asuste por el grito pero aun así salí corriendo al baño. Emily estaba tirada en el suelo y se veía anormalmente pálida.
–No responde.
El miedo me recorrió– ¿Tiene algún golpe en la cabeza?
Jane la reviso con cuidado– No veo nada, ni un golpe, creo que esta desmayada.
Emily me preocupaba así que la tome en brazos– Abre la puerta Jane, vamos al hospital.
Jane asintió y salió disparada, corrí detrás de ella con Emily en brazos. Apenas y pudimos soportar el viaje al hospital. Con Emily desmayada en el asiento trasero y Jane mirándome cada pocos minutos, nunca sabré como logré llegar al hospital sin saltarme una luz roja.
En la sala de espera no podía calmarme, Jane estaba saltando de los nervios.
–Tranquila cielo, solo la van a revisar y ver qué sucede. –La rodee con los brazos apretándola firmemente contra mí.
Jane estaba sollozando– ¿Qué hubiera pasado si en vez de entrar nos hubiéramos ido? Pobre Emily…
–No pienses en nada, ahora esta con gente que sabe que hacer en estos casos.
Mire mi teléfono no estaba seguro si llamar sería una buena idea así que volví a guardar el móvil en mi bolsillo.
Una joven se nos acercó algo insegura.
–Disculpen, ¿son familia de Emily Stonel?
–Si, somos sus primos. –Levante a Jane– ¿Cómo esta?
–Esta despierta, algo confundida pero quiere verlos. Síganme.
Juntos de la mano caminamos detrás de ella.
Emily estaba sentada en una camilla y parecía más que confundida.
–¿No esta drogada cierto? –Le pregunte a la enfermera que ya estaba negando.
–Idiota. –Dijo Emily con mucho esfuerzo.
No sabía porqué pero esa simple palabra me hizo sentir mucho mejor.
–Le hicimos una prueba rápida y dice que ni siquiera ha probado una vitamina, lo que esta mal, debería tomarlas porque se ve francamente mal. –Agregó la enfermera.
Emily me miro– Lo siento, aun estoy algo confusa todo me da vueltas.
Me senté a su lado– ¿Qué sucedió?

No Wait!: Capitulo XVII



Tome el esmalte de uñas rojo, iba a ir a clases mañana y quería lucir algo decente, ya que definitivamente mi cara no estaba naturalmente bella ni el resto de mi cuerpo.
Había llegado hace una semana y solo hace tres días habían llegado Jane y Zackary. No tenía idea de a donde habían estado después de dejar Francia pero la gran diferencia que había entre ellos y yo era que yo no tenía ánimos para nada y ni siquiera me veía como alguien que había pasado unos días en París, en cambio ellos se veían radiantes y Zackary no dejaba de sonreír como idiota desde que llegó.
Con mucho cuidado pinte mi mano derecha, siempre se me escurría todo el esmalte. Y se me escurrió como siempre y por toda la mano cuando la puerta de mi cuarto se abrió de golpe.
–He dicho que se toca antes de entrar. –Dije mientras buscaba el quitaesmalte, ¿dónde lo puse?
–Me parece que esta a tu izquierda en la mesita de noche. –Mire al abuelo con sorpresa, desde que llegué me estaba evitando como si tuviera lepra– Hola cariño.
Con cuidado me quite el esmalte de la mano– Me alegra que estés aquí, y lo siento pero te confundí con Robin.
Me sonrió de forma tensa sentándose en la cama– Ya me di cuenta de eso, ¿cómo estás?
Me encogí de hombros– Bien, estoy tranquila y mañana tengo clases así que estaba preparándome. –Le mostré el esmalte.
No me perdí la cara escéptica del abuelo– Me agrada como te preparas, ¿por qué no pides las materias que te perdiste con tu salida? Eso sería mucho mejor que estar pintándote las uñas.
Me dolieron esas palabras– ¿Qué quieres decir? Solo dilo y sácatelo de encima de una vez, no me has estado evitando porque si.
–Bien, quería ir despacio pero tú lo pediste. –Me desprendí de mi trabajo y me centré en él– Me desilusionaste Emily, creí que serías distinta que tus primos pero te fuiste sin más, sin siquiera pensar en tus deberes, en la universidad. No pensaste en nada más que en ti misma.
Lo mire atónita– Pero yo…
–Tú comportamiento fue infantil, ¿piensas que puedo confiar en ti ahora? ¿Confiar que actuaras con madurez en una empresa internacional? Como puedo saber si en cualquier momento te sientes aburrida y te vas simplemente. –Su voz comenzaba a escucharse cada vez más fría. Me dolió– Es muy simple, ya no puedo.
–Lo siento abuelo. –Apenas pude hablar.
El abuelo estaba serio– ¿Nada más que decir? –Negué, no iba a decir nada más– Me desilusionaste a mi y a tú tío, pusimos nuestra confianza en ti y nos dejaste cuando debías estar en la oficina aprendiendo nuestro trabajo. –Negó con la cabeza– Sin decir que nos preocupaste, ¿no podías llamar?
Me sonroje– Zackary decía que hablaba con ustedes todos los días.
–Pero yo quería escucharte a ti, quería saber por tu boca que estabas bien y que ibas a volver pronto.
Me hundí en la cama– Lo siento abuelo, no tengo excusa para eso. Lo siento.
Antes muerta que decirle porque había viajado sin pensar en nada de lo que me había dicho él. Iba a creer me loca de remate si le decía que había ido a impedir una boda y que después el chico me había dado una sutil despedida, y que hasta ahora me había dejado tirada, no había llamado o enviado mensajes. Nada. Lo peor es que me sentía como una idiota al esperar una llamada después de que él me despidiera de esa forma tan fría.
–No puedo creerlo.
Lo mire a los ojos y me sentí triste de ver la desilusión en su rostro. Se me hizo un nudo en la garganta.
–¿Qué no puedes creer? –Le pregunte.
El abuelo se levanto de la cama– ¿Qué harías si te mando mañana de vuelta a tu casa?
–Abuelo no, no lo hagas… –Le supliqué.
Miro mis cosas que aun seguían en las maletas– Mañana te diré lo que haré, no deshagas las maletas.
Salió del cuarto y juro que se llevó todo el aire con él, además del calor. De inmediato comencé a pintar de nuevo mis uñas, necesitaba hacer algo normal y que no representara pensar, quería desconectar.
–Soy una tonta, el misterio es, ¿cuándo me volví de esta forma? –Me dije sollozando.
Aferrada a mi almohada me encontró Robin, quien entró de golpe, igual que había hecho el abuelo.
–Emily, ¿no bajas a cenar? –Me dijo sin prestarme atención, o por lo menos esa impresión me daba– El abuelo dice que tienes que bajar a comer, que nadie te puede subir la cena hoy.
Se acabaron las concesiones, me dije algo amargada con mi suerte.
–Ya voy, deja arreglarme para bajar. –Sin dejarle ver que había estado llorando fui a lavarme la cara y a tratar de pasar desapercibido mis ojos rojos con un medicamento– Ya estoy lista.
Mire a todos lados pero la puerta de mi cuarto estaba abierta y no había nadie cerca, Robin se había ido. Tenía que recordar enseñarle modales a esa niña.
–Aunque, si su maestra no puede, ¿qué puedo hacer yo?
Me dirigí rápidamente hasta el comedor, cuando entre estaba todo el mundo en la mesa, así que me dirigí a mi puesto pero estaba ocupado por Zack, quien me dio una mirada de disculpa, le hice un guiño y fui a sentarme al final de la mesa.
–Gracias, –Le dije a la sirvienta cuando coloco el plato de comida frente a mí.
–No me gusta que la gente llegue tarde a la mesa, no es educado y lo sabes muy bien Emily, que no se repita. –La frialdad en la voz del abuelo me sorprendió tanto que casi derramo el vaso de agua que estaba a punto de tomar.
–Lo siento.
El abuelo dejo el tenedor que había tomado y lo dejo en la mesa con cuidado excesivo– No quiero más disculpas, quiero acciones de tu parte. De ahora en adelante te comportarás, o simplemente vete a tú casa.
Tía ahogo un grito– ¿Qué esta diciendo suegro?
–Lo que ya oíste. –Observe como su mirada barrió a los demás en la mesa– Coman se enfría.
Todos hicieron lo que él demando, incluida yo. Que irónico porque ahora no me sentía particularmente incluida en la familia.
Me costó mucho trabajo tragar el pastel de carne y no pude comer el postre. Apenas pude levantarme de la mesa sin causar revuelo, lo hice. Fue cuando todos pasaban al salón por el café y el abuelo comenzaba a hablar de negocios con tío Zackary.
Subí las escaleras corriendo y me dirigí a mi cuarto. Mire las maletas y las vacié, y por un momento las contemple preguntándome si en verdad iba a hacer lo que creía, ¿irme de casa a esta hora? No, me corregí, era la casa del abuelo. Y al parecer si lo iba a hacer, tenía después de todo un departamento a mi nombre en la ciudad, tenía un auto y dinero. Me dije.
Que cobarde me había vuelto.
De todas formas seguí con lo que estaba haciendo. Me pare en frente del ropero y comencé a sacar ropa y luego fui por mis otras cosas, en el departamento también tenía ropa y artículos de aseo, así que solo me preocupe de colocar mis cuadernos y mi laptop. Una vez que estuve lista y lo había guardado todo salí de mi cuarto.
Llevaba mi mochila y mi maleta gigante con la que había llegado hace tiempo. Esta vez baje las escaleras con cuidado y pase de largo hasta la puerta del fondo que daba hasta el garaje.
Mi auto estaba aparte de los demás, por ningún mal motivo sino por el poco uso que le daba. Abrí una de las puertas y deje mi mochila descansando mientras abría el portamaletas y trataba de colocar mi maleta, pero ésta estaba más pesada de lo que creía en un principio.
–Las malditas rueditas me engañaron. –Me dije intentándolo de nuevo y fallando– Maldita sea.
–¿Te vas?
Me di la vuelta de golpe– ¿Qué haces aquí abuelo?
–Una de las sirvientas te vio pasar con una maleta, ¿a dónde vas? –Se veía enojado, y no sabía si eso era mejor que la frialdad.
Seguí intentando guardar la maleta– Me voy a mi departamento.
–Huyes, te escabulles cuando nadie te ve para que nadie te pueda decir que eres una cobarde. –Me dijo con dureza.
Mire la maleta y la patee. Estaba harta de todo, de que me trataran como una paria, que me dejaran de lado y ahora que me dijeran lo que comenzaba a pensar de mi misma. No necesitaba esto.
–Déjame en paz. –Saqué las llaves de mi bolsillo.
–Bien, vete. –Camino hasta mi puerta a medio cerrar– Pero no vuelvas, quiero que te vayas de aquí. Y no te preocupes por nada, le voy a llamar a tu padre en unos minutos para decirle tú decisión.
Mire el volante y comencé a sentirme claustrofóbica, el aire a mi alrededor comenzaba a faltarme. Comencé a llorar desesperada.
–¡Déjame en paz!
–Emily… –Sus manos me tomaron y me sacudieron pero comencé a dar manotazos– Emily, ¡Emily! ¿Qué pasa Emily?
–¡Me dejo! –Grite con lo que me quedaba de fuerza– ¡Me dejo! Ok, me dejo ir y ni siquiera me dijo si me amaba, si yo había sido algo para él más que la rubia que besaba el piso donde él pasaba.
Me quede en silencio después de eso hasta que volví a controlarme, lo que había sido gracias a que ya no tenía fuerzas para seguir.
–Emily, –El abuelo habló suavemente, como si temiera que volviera a perder el control– Ve arriba y duerme.
Negué– Me voy, no importa sino llevo la ropa, en mi mochila esta lo que necesito para asistir a clase mañana.
El abuelo me jalo fuera del auto, su mirada había cambiado por completo de la glacial a la más tierna. Eso me dio algo de escalofríos.
–Ve arriba Emily, mañana hablamos.
Me solté– No, tú no entiendes quiero estar lejos del mundo, lejos de todos. No te preocupes iré a clases, no volveré ha dejar tirada la universidad, pero ahora debo irme.
–¿Por qué cielo?
–¿Ahora soy cielo? Estoy harta de que todos esperen algo de mí, y estoy harta de dar a todos lo que quieren. –Le dije furiosa– Así que de ahora en adelante seré egoísta, solo pensaré en mí y en lo me conviene.
–Emily me preocupaste estos días y a los demás, no le dices nada a nadie, y hace días que estaba enojado por la preocupación que pase por tú culpa, temía que te hubiera pasado algo malo y que Zackary no me lo estuviera diciendo. –La preocupación era evidente en su voz, pero ya había escuchado mucho de él hoy– Y al parecer veo que si paso algo en ese viaje, ¿por qué te fuiste de esa manera? ¿Por qué mentiste sobre tú viaje? Y, ¿quién es él? Y, ¿qué paso?
Me metí en el auto– Te dije que iba a ser egoísta, y sabes, no se me da la gana contestar tus preguntas, me voy.
–Emily, no seas tonta y baja de ese auto, te puede pasar algo y te juro que no me lo perdonaría. Nunca me perdonaría que estás fueran nuestras últimas palabras.
Estaba ignorando cada una de sus palabras cuando me quito las llaves de las manos, quise decir algo pero él ya se estaba yendo hacía la puerta.
–Cuando pienses con racionalidad te las devolveré, vamos a descansar ¿Si?
No le respondí y espere sentada a que se fuera para no hablar con él, luego salí del auto con mi mochila, recogí mi maleta y la lleve dentro tomándome todo el tiempo del mundo en ello. No lo vi por ninguna parte, al igual que mis llaves. Me sentía un poco fastidiada por eso.
Me dirigí a mi cuarto, apenas abrí la puerta lance mi maleta dentro, con más cuidado deje mi mochila en el suelo y me puse el pijama. Me tendí en la cama pero Morfeo no estaba conmigo esta noche.
Por lo que dormir no fue posible y por la mañana no me sentía del mejor ánimo para nada, de igual forma me arme de un poco de energía y me levante lista para estudiar y soportar miradas y preguntas tontas en la universidad junto a invitaciones a fiestas que buscaban algo de mí. Más de mi vida, me dije con falsa felicidad.
–Hoy va a ser un día grandioso. –Le dije al espejo, solo que mi reflejo no mostraba alegría alguna.
Baje a desayunar y ya todos estaban comiendo, me parecía un deja vù, solo que esta vez por opción propia me senté al final de la mesa.
–¿No quieres sentarte aquí? –Me indico tío Zackary con una sonrisa conciliadora mi asiento de siempre.
Mire al abuelo que asintió levemente, señal que podía hacerlo. Negué y comencé a servirme algo para desayunar.
–Emily, ven aquí. –Me llamó el abuelo– Por favor.
Lo mire con cierta tristeza que logré apenas ocultar– Déjame en paz.
Sam me dio una mirada de sorpresa y miedo cuando se dirigió al abuelo.
–Em creo que, ¿por qué no vas y te sientas a su lado? No te importa donde te sientes, ¿verdad?
Mire a todo el mundo que parecía pendiente de que iba a decir, de pronto perdí el apetito– Con permiso, ya no tengo apetito.
Me levante de mi asiento y salí del comedor caminando lentamente, esta vez no huía, me dije al tomar mi mochila de la entrada del comedor, donde solía dejarla ya que al abuelo le molestaba que entráramos a comer con las mochilas. Seguí mi camino dirigiéndome a mi auto, después de todo lo que me había pasado por causa del insomnio recordé que tenía una llave de repuesto en la guantera con el lema; “Si te van a robar el auto, por lo menos que no te corten los cables para encenderlo.”No veía el motivo de arruinar un bello auto que bien podía o no recuperar en ese tipo de situación.
Encendí el auto sin problemas y salí de la casa rumbo a la universidad, pensando que tal vez no era mala idea volver a casa de mis padres después de todo.
Por lo menos allí no sentiría el vacio que comenzaba a sentir aquí. 
O, quizá ya no encajaba en ningún lugar.

miércoles, 8 de agosto de 2012

No Wait!: Capitulo XVI



Me coloqué en el marco de la puerta– ¿Me esperabas?
Miro al cielo– Engreída, ven aquí y dame un beso. –Le di un pequeño beso en los labios– Vamos a dormir.
Lo interrogué con la mirada– ¿Si?
–Ve al cuarto, ya te alcanzó.
Me sacó del baño así que me marche a mi cuarto.
Terminaba de arreglar la cama cuando él llegó, estaba vestido con pantalones de pijama y nada más. Aunque me detuve un momento, varios minutos, admirando sus abdominales.
–No me mires de esa forma, dame lugar en esa cama. –Me acosté en una orilla y le abrí la cama– Así me gusta.
Le di un golpe– Mal educado, ni siquiera lo pediste por favor.
Me abrazo y comenzó a besarme en la garganta y hacer pequeños círculos con sus dedos detrás de mi cuello también. Él sabía que me gustaba eso.
–¿Qué quieres? –Le dije derritiéndome ante sus caricias.
–Una noche, como solo podemos estar los dos juntos, mi preciosa rubia de piernas largas.
Eso fue lo último que dijo antes de quitarme el pijama con movimientos lentos y sin dejar de besarme.
–Quiero amarte toda la noche mon ange.
Levante su rostro– Yo también, quiero demostrarte cuanto te quiero.
–¿En verdad me quieres? Solo ha pasado un corto tiempo…
–Hay algo entre nosotros, aunque es difícil… pero sé que te quiero Paul. –Acerqué mi rostro al suyo y le di un besito.
Comencé a acariciar cada parte de su cuerpo y casi de inmediato él también comenzó a acariciar el mío, con caricias suaves y tiernas.
La mañana llegó demasiado rápido para mi gusto, me separé de los brazos de Paul y le di un beso en la frente, eso basto para despertarlo.
Su cara estaba somnolienta– ¿Es hora de levantarse?
Me moví incomoda en la cama– Esta noche me voy a casa.
Paul me tendió la mano– Lo sé.
Lo mire a los ojos un momento, durante la noche me había cruzado una idea mientras hacíamos el amor.
Dude un poco al hablar– ¿No quieres venir conmigo?
Paul sostuvo mi mirada– No puedo, por más que me tome unos días mi vida esta aquí, mis pacientes me necesitan en el hospital. –Después de un largo silencio volvió a hablar– Lo siento Emily, no puedo.
Asentí, aun no me sentía desanimada, quizá aun podía haber algo entre nosotros aunque fuera casi imposible. Sabía que estaba a punto de rendirme pero quizá un último intento.
–Emily, levantémonos.
Eso me desanimo totalmente, y no por separarme de él sino por la forma en que habló. Era decisión y algo más oscuro.
–Está bien.
Me levante y cogí mi ropa, luego me dirigí al armario y saque mi maleta y mi bolso, me tome mi tiempo al llenarlos. Creía que si hacía un poco de tiempo ordenando mis cosas él me dejaría sola y así tendría tiempo para recomponerme.
No paso mucho tiempo antes que él se levantara y saliera de la habitación.
–Menos mal se fue, o me pondría a llorar en frente de él. –Me dije sollozando.
Ordene mi maleta y mi bolso con la vista nublada por las lágrimas, me sentía deprimida por todo lo que pasaba.
Mire hacia todos lados, este viaje definitivamente iba a cambiarme, ¿qué tanto? Era la pregunta. Ya me sentía diferente y no de buena manera, me sentía débil como una hoja que el viento toma de su hogar, el árbol, y la lanza lejos donde está sola y desprotegida. El viento me había llevado y no me dejaba volver atrás.
Para darme ánimos tuve que estar quince minutos bajo la ducha helada, aun así me veía algo... agotada. Mire en mi bolso y me puse una camiseta de tirantes y una minifalda negra de jeans, iba a afrontar la vida con una buena cara y con unos tacones altos acorde a la vestimenta. No recordaba porque los había comprado, creo que era la tentación que me había vencido.  
–Un poco de maquillaje y todo va a estar bien. –Tome mi caja de maquillaje, para cuando termine casi era la antigua Emily– Casi. Lamento no poder lucir con la misma chispa que hace un par de años, desde ahora iré al spa y me buscaré un nuevo hobby aparte del basquetbol, me inscribiré en karate. –Asentí– Y voy a aprender todo lo que pueda con el abuelo. Voy a ser mejor que ahora.
Baje a desayunar sintiéndome mucho mejor que antes, ahora tenía algo en mente, una idea.
Los demás parecían preocupados cuando baje y eso me asustó tremendamente, mire a Zoey pero esta estaba tranquila sentada a la mesa de la cocina. Suspiré de alivio.
–¿Qué esta pasando? –Les pregunte.
Heath me hizo una seña– Sabes que no me gusta dar malas noticias.
–Lo sé, pero tampoco te gusta dar rodeos. –Le dije seriamente.
Heath comenzó a mecerse el cabello– Resulta que tu abuelo Alfred esta desesperado, ha pasado la noche llamando y esta mañana lo volvió a hacer. –Dijo seriamente– Quiere que vuelvas antes de lo planeado, te consiguió un pasaje y tú vuelo sale en una hora.
Me quede en shock– ¿Qué le pasa?
Zack estaba tomando un jugo– No sé que le pasa, nunca le hemos preocupado tanto pero te quiere allí luego.
Mire a Paul pero este bajo la mirada– Ya hiciste tus maletas, no creo que nada te retrase. Además, si tu abuelo te necesita debes ir cuanto antes, no es justo que lo hagas esperar cuando él te dejo venir a este viaje tan repentino.
No supe que contestar así que comencé a mirar a todas partes, hasta que vi el reloj de la pared. Confirme con mi reloj de pulsera; eran las nueve y quince de la mañana. A las diez y quince me iba a ir.
Di media vuelta y subí a buscar mis cosas, procure no dejar nada en el cuarto revisándolo dos veces, luego volví a la cocina decidida a no dejarles verme débil aunque el dolor me carcomiera, solo sería por dentro.
–Estoy lista. –Dije sin más.
Zack me fruncía el ceño preocupado al igual que Jane. Vi a Zoey que tenía la cara inundada por la tristeza. Heath le fruncía el ceño a un Paul que no desviaba la mirada de la ventana.
Jane por fin encontró su voz– ¿Quieres comer algo?
Negué– Heath, ¿me podrías llevar al aeropuerto? Son diez minutos llegar a la ciudad y el tráfico…
Heath asintió– Voy por mi chaqueta y nos vamos.
Zack me lanzó una manzana– Cométela, cuando veas a mi padre dile que no lo he extrañado nada y que me vaya a buscar con una sonrisa al aeropuerto. A Sam dile que se vaya al diablo y que deje de enviarme mensajes a mitad de la noche, no le voy a comprar nada. Y a la enana que le compre un regalo que le va a encantar.
Fruncí el ceño– ¿Por qué dices esas cosas tan raras?
–Papá me estuvo regalando anoche, dice que soy un irresponsable al irme de esa forma pero yo le dije que no podía dejar ir a dos damas solas. Y a Sam ya sabes.
–Bueno admito que tú padre es algo sobreprotector. –Lo escuche decir algo así; como todos los Stonel– Por primera vez desde que me lo dijeron recordé– ¿Qué paso con los guardaespaldas de Jane?
Jane se mordió la mejilla– Están en la casa del cuidador, bueno la de los trabajadores, ya les avise que nos íbamos esta noche. Bueno, ahora les avise que uno debe viajar contigo.
Asentí, ni siquiera me había dado cuenta de que me habían vigilado, sentí un poco de vergüenza por ello.
–Esta bien, mientras no me de cuenta de que esta detrás de mí, creo que podre viajar con guardaespaldas. –Aunque comenzaba a pensar que me iba a sentir mortificada y obligada a mirar a mi espalda si iba detrás de mí o no.
Heath apareció con una chaqueta de cuero y vestido como siempre de negro. Que raro hasta ahora no me había dado cuenta de ello.
– Ya estoy listo, vamos querida cuñada.
–Vamos cuñadito.
Me despedí dando abrazos a todos, cuando abrace a Zoey no pude evitar darle saludos a papá y a mamá y al tontito de Ed y a mi súper cuñada miniatura.
–Diles que los veré en vacaciones y que los extraño mucho. O quizá antes, tengo fe para visitar a mamá en su cumpleaños.
–Les diré pero, tienes que ir a ver a Heather cuando haya nacido. –Me dijo muy seriamente, así que asentí solemnemente.
–Iré en cuanto nazca mi sobrinita. –Le sonreí.
Me aparte de ella y me acerqué a Paul, él me dio un abrazo y un beso en la frente. Espere a que me dijera algo como; “No me dejes”, o “Te veré luego”, o tal vez un “siempre te amaré”, en fin algo meloso o tierno.
–Que tengas un buen viaje Emily. –Me apretó lo hombros y luego, no, eso fue todo.
Me separé de él y salí de la casa con Heath. Nos subimos al auto y no esperaba conversar de nada pero me equivoque.
–Tu vuelo va a ser sin contratiempos, será viaje directo así que no debes preocuparte por nada. –Asentí mecánicamente– No le hagas caso a ese idiota en un par de días se dará cuenta de a quien dejo ir.
Le di una sonrisa de esperanza– ¿Tú crees?
Heath asintió– Si, lo creo.
–Gracias Heath.
–De nada, por cierto pienso comprarle el perro a Zoey, cuando vayas de visita a nuestra casa compra antialérgicos.
–Tomo nota, aunque siempre los llevo en el bolsillo. –Le dije tocando mi bolso de mano.
Llegamos al aeropuerto antes de lo esperado, y sin darme cuenta de si mi guardaespaldas iba conmigo, según Heath él o ella ya estaba en el lugar. Me despedí de Heath con un rápido abrazo y partí rumbo a casa.
Parecía tan extraño viajar sola de vuelta a casa y más cuando la llamada del abuelo era tan extraña. Mire las fotos que había tomado cuando había llegado a la casa de Heath. Todo había sido perfecto, o casi.
El viaje parecía eterno y apenas me baje del avión encendí mi móvil esperando un mensaje de Zoey (que si llegó) y el de alguien más pero nunca llegó el mensaje que estaba esperando.
En el aeropuerto me esperaba tío Zackary junto a Robin. Le hice una seña cuando recogí mi equipaje en la banda, no fue necesario porque tío llegó a mi lado en un par de zancadas y luego tomo mis cosas, sin decir más se dio la vuelta y se marcho. Me acerque a Robin.
–¿Qué esta pasando?
Me sonrió algo apenada– Están algo molestos porque se fueron y no volvieron de inmediato y porque creen que algo pasa entre tú y Zack.
La mire atónita antes de ponerme a gritar– ¡¿Qué?!
Robin comenzó a reírse– Eso mismo dije yo cuando me contó papá.
Me obligué a componerme y tome a Robin del brazo– Vamos tras tu padre o te juro que moriré de algo si él le llega a decir a mi padre su idea.
Robin asintió– Oye, mamá esta desesperada porque quiere que me ayudes a comportarme como chica. –Me apunto.
Por inercia me mire de pies a cabeza– Robin, ¿cómo te sientes cómoda?
Robin se encogió de hombros– Me gusta vestir Jeans y camisetas o camisas pero a mamá no le agrada.
–Tengo una idea respecto a eso. –Salimos y Robin me llevó hacia el estacionamiento– Tío no se ve feliz.
Era verdad, estaba con una cara bastante sombría esperándonos a un lado del auto.
Robin le hizo una seña– Emily me va a ayudar a lucir como chica, lo va a hacer en verdad.
Tío le dio una sonrisa tensa– Eso esta bien, suban de una vez al auto, me estoy helando.
Me subí en el asiento de adelante cuando Robin abrió la puerta. Le di una sonrisa de disculpa, y me coloqué de inmediato el cinturón de seguridad.
–Zackary manda decir que no lo ha extrañado nada en estos días y que espera que lo recoja en el aeropuerto cuando arribe. –Le di una mirada penetrante– Cuando arribe con su novia.
Habíamos comenzado a salir pero nos detuvimos a mitad de camino por la frenada del auto, tío me dio una mirada mezcla de sorpresa y de sospecha.
–¿Qué novia?
Le di una sonrisa Stonel, se creían que solo los hombres podían usarla. Mal, mal, mal. Había visto muchas veces a mi papá usarla como para no aprender.
–Mi querida y adorable prima; Jane Evans. –Dije haciendo énfasis– Felicidades tío, Zack esta colado por ella.
Tío dio una mirada al cielo– Hasta que lo consiguió, ¿cómo logró declararse? Creía que le tenía fobia al compromiso igual que Samuel. Debí darle más crédito creo.
Mire a los autos que estaban haciendo cola detrás de nosotros y que comenzaban a impacientarse.
Sin quitar la mirada del retrovisor le dije– Un trato, tú conduces y yo te cuento todo lo que paso.
Tío miro detrás y dijo un improperio. 
Cuando volvió a mirarme se veía decidido– Trato hecho, pero no omitas detalles.